Mis promotoras comunitarias de parto humanizado (Columna semanal nro 31)

Todas llegamos a ese salón con muchas expectativas. Quizás ellas esperaban “aprender” todo sobre el parto y las doulas. Yo solo quería que ellas RECORDARAN, que reconocieran en su memoria ancestral los saberes acumulados como niñas, luego como mujeres, después como madres y más adelante como abuelas.

El salón, con un pizarrón y 36 pupitres, se hizo pequeño cuando todas se presentaron, hablaron de sus hijos, se reconocieron en la mirada de otras, descubrieron todo lo que tienen en común y todo lo que nos falta avanzar en el camino por rescatar y apropiarnos de nuestros partos.

Dejaron por unas horas a sus hijos con vecinas y amigas, de esas que practican la sororidad aunque no sepan el significado del término. Algunas se vinieron con sus madres y compañeras de consejos comunales, bajaron de José Félix Rivas, Mariche y La Dolorita, para unirse en un aprendizaje colectivo.

Y así, cada día, nos encontramos en el mismo salón, a la misma hora, para reconocer que unidas somos invencibles, y ratificar “que el conocimiento nos empodera sobre nuestros cuerpos” como lo dijo Josefina, en una de sus brillantes intervenciones.

“A mí no me importa si me cierran una calle, yo llegó como sea a mi clase, porque venir aquí me gusta, para aprender y luego compartir lo que aprendo en mi comunidad”, afirmó Laura.

Y es así. Ellas han recordado que son dueñas de su cuerpo, han recordado que el parto no tiene porque ser una experiencia traumática, pero que tampoco es rosado, como lo pinta el marketing de la maternidad…ellas han recordado que cuando se apoyan, unas a otras, pueden lograr cosas increíbles, como por ejemplo, rescatar nuestro derecho a parir con humanidad y conciencia.

Pese a todas las críticas que podamos tener hacia la Revolución y al sistema de salud (público y privado), sería muy mezquino no reconocer que la formación de promotoras comunitarias, a través del Programa Nacional de Parto Humanizado, representa un avance significativo y un logro sin precedentes en la lucha por la dignificación de la maternidad.

Seguramente no es perfecto, quizás falta mucho por mejorar, pero cuando yo vi a esas mujeres decididas en aquel salón, esperándome para “aprender–recordar” que el parto humanizado es un derecho; cuando me reconocí en sus ojos cargados de historias de maltratos, de abandono, de fórceps, de pitocín innecesario, de cesáreas absurdas, de ruleteos sin sentido… cuando las vi y me vi en ellas, certifiqué que estoy en el lado correcto de la historia.

Comparto brevemente el compromiso de una de estas mujeres extraordinarias que asiste emocionada a cada clase, petareña valiente, Virginia Soler, quien escribió:

“Mi compromiso también es respetar y hacerme respetar, y hacer que nos podamos respetar las unas a las otras, trabajando por este proyecto personal y nacional, todos los días de mi vida, desde hoy y para siempre”.

Y así se comprometieron todas, al finalizar el primer módulo de la formación de promotoras de parto humanizado, a respetarse, a valorarse, a ser feliz, de forma individual y colectiva, para reivindicar nuestros derechos, como mujeres y como madres ¡por nosotras y por la Patria!

Klibis Marín Mejías

Lee este artículo en la página web de Ciudad CCS

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