La revolución de amamantar (columna semanal nro. 17)

Desde tetas en revolución queremos levantar nuestras voces en contra de la forma de protesta utilizada por un sector de mujeres de derecha que adversan al Gobierno de Nicolás Maduro. No estamos de acuerdo ni de forma ni de fondo.

De fondo, porque si se han reivindicado los derechos de las mujeres, visibilizando y dándole importancia legal y constitucional a las luchas feministas, ha sido en este modelo político, de la mano de nuestro Comandante Hugo Chávez; si se han puesto en marcha políticas para incrementar la práctica del amamantamiento a nivel nacional, apoyando y protegiendo un acto sagrado para el inicio de la vida humana, como lo es dar teta a nuestras crías, disminuyendo a su vez las muertes neonatales de la población, ha sido en revolución; si se han creado planes y misiones para la humanización del nacimiento, para naturalizar la manera como recibimos a nuestro hijos a la vida, abriendo espacios para la formación de parteras y doulas, es en este proceso de inclusión que lidera el presidente Nicolás Maduro junto al pueblo.

Y de forma, porque consideramos ofensiva la cosificación del cuerpo femenino, utilizando los pechos para protestar por lo que la derecha llama “dictadura”, que no ha hecho otra cosa que darle un precioso lugar a la mujer como pilar fundamental de esta Revolución, desde la teta que amamanta a su hijo, hasta la que, con las banderas de cada conquista alcanzada, es capaz de levantar la P(m)atria entera, Venezuela.

Nunca antes habíamos tenido tanta participación como lo hemos tenido desde la llegada de la Revolución Bolivariana, por ello continuaremos siendo ejemplo de la verdadera mujer, madre y luchadora venezolana.

Es gracias a la Revolución Bolivariana que Venezuela cuenta con una serie de leyes y artículos que protegen la maternidad y paternidad, proceso fundamental en el desarrollo de los hijos e hijas de nuestra patria, y es esencial que cada uno de nosotros como venezolanos y venezolanas tengamos la plena conciencia de los logros que hemos obtenido, conocerlos, manejarlos y garantizarlos. Por ejemplo, en el año 2007 se aprobó la Ley de Promoción y Protección de la Lactancia Materna (Lpplm), que entre otras cosas reconoce que amamantar es garantía de vida, salud y desarrollo integral, además de establecer la corresponsabilidad social en esta práctica y la responsabilidad del Estado para garantizar “la lactancia materna exclusiva a libre demanda de los niños y niñas hasta los seis meses de edad y, la lactancia materna con alimentación complementaria oportuna, adecuada; inocua y debidamente administrada hasta los dos años de edad”. Por su parte, en la Ley Orgánica del Trabajo se resguarda el derecho de los niños a ser amamantados por las madres que trabajan, otorgando licencias por maternidad en consonancia con las recomendaciones internacionales, aprobado por nuestro Comandante Hugo Chávez en el 2012, y en la Ley Orgánica para la Protección de los Niños, Niñas y Adolescentes (Lopna) en sus artículos 44,45 y 46, hablan de la protección a la maternidad, el vínculo y la lactancia materna.

Greisy Rondón

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Constituyente feminista (columna semanal nro. 16)

La historia la escriben los vencedores. Es una frase tan trillada como cierta, que recuerda cómo la construcción de identidades se ha hecho desde la mirada de la otredad y especialmente desde la visión de una pretendida supremacía.

Y así como en la redacción de la historia se ha mantenido esa huella de la dominación, también las legislaciones dan testimonio de los periodos históricos de la humanidad y del espíritu represor o liberador de cada época. Históricamente, las leyes también la han escrito los vencedores y han marcado los tiempos y el devenir del ser humano.

El Comandante Chávez lo entendió claramente, por eso tomó como punto de partida y paso fundamental para el cambio de época la redacción colectiva de una nueva Carta Magna que, como nunca, otorgó protagonismo y poder al pueblo, como lo exigía el tiempo histórico que se estaba inaugurando. Era el pueblo el sujeto histórico de esta nueva época, ya no las élites ni los poderes fácticos.

Hoy la Revolución Bolivariana, atravesando por una coyuntura que está pariendo una nueva etapa histórica, nuevamente convoca al pueblo a un espacio de participación y de debate para construir Patria. Con el llamado del presidente Maduro a una Asamblea Nacional Constituyente obrera, feminista y comunal, el Poder Popular tiene la oportunidad de llevar al más alto nivel los logros y anhelos que nos acompañan y que son deudas impostergables de una verdadera Revolución.

Es la profundización del legado de Chávez. Es darle marco a una nueva época, donde el pueblo sigue siendo protagonista, pero esta vez no solo desde la reivindicación, sino desde la acción y la construcción.

Las mujeres atendemos con responsabilidad este llamado. Que el presidente Maduro haya hecho énfasis en el carácter feminista de la nueva Carta Magna no es un detalle minúsculo. Saber que la máxima norma legal de nuestro país se redactará bajo esa visión inclusiva, y no desde la élite patriarcal -desde la otredad, desde la negación y la supremacía-, nos llena de compromiso amoroso.

Es el momento de transversalizar el tema de género en todos los ámbitos de nuestra vida nacional; de visibilizar el papel protagónico de la mujer en la superación del modelo rentista; de exigir nuestros derechos de acceso a la salud sexual y reproductiva gratuita y de calidad, sin criterios de élites y sin discriminación; de permitir que las mujeres disfruten de una maternidad elegida, segura y feliz; de abordar la corresponsabilidad del cuidado; y de consagrar y blindar los mecanismos de protección para que nuestras mujeres nunca más deban sufrir de violencia de género y callar. También es la oportunidad de consagrar legítimos derechos que como ciudadanas y ciudadanos tiene la comunidad LGBTI, porque nuestra lucha es la misma: derribar la hegemonía patriarcal.

Tetas en Revolución, como red de colectivos feministas y chavistas, se pone a la orden de esta convocatoria para participar activamente en la recolección de propuestas que den a nuestra nueva Carta Magna un carácter verdaderamente popular, con mirada de mujer.

Tener una Constitución explícitamente feminista es un logro que nos recuerda que estamos en Revolución. Chávez nos dibujó la senda y con Maduro y el pueblo organizado seguimos marchando hacia la irreversibilidad.

Rosa Raydán

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Feminismos y maternidades (columna semanal nro. 15)

La maternidad, como fenómeno social y cultural asociado intrínsecamente a la mujer, ha sido uno de los grandes temas de reflexión de los movimientos feministas en todas sus corrientes y momentos históricos. Este permanente cuestionamiento ha traído como consecuencia que en el imaginario colectivo se considere a ambos términos: maternidad y feminismo, como puntos de vista en disputa, al menos en el llamado “mundo occidental”.

Las corrientes fundacionales del feminismo, cada una desde su perspectiva teórica y de militancia, situaron a la maternidad como labor doméstica que contribuye a la opresión de la mujer y a su confinamiento al espacio privado.

Incluso Simone de Beauvoir, en su libro El segundo sexo (1949), obra clave e histórica para los movimientos feministas, calificó a la maternidad como un obstáculo para la emancipación del sujeto femenino. “La gestación es una labor fatigosa que no ofrece a la mujer un beneficio individual y le exige, por el contrario, pesados sacrificios”, adelanta en el primer capítulo del libro.

Probablemente, este antagonismo histórico entre el feminismo y la maternidad responde a una asociación directa de la maternidad con el modelo patriarcal, que ha sido utilizado para ejercer la gestación y la crianza, modelo que efectivamente ha limitado a las mujeres en sus posibilidades de alternar y complementar sus roles en la sociedad.

Abrir la discusión sobre el ejercicio de la maternidad pasa por reclamar una reflexión del término y del ejercicio del mismo con perspectiva de clase y desde lo femenino, no desde la otredad (desde lo masculino, que es el lugar desde donde se construyeron en el pasado las concepciones sobre lo que debe ser todo aquello asociado a la mujer).

Comprender que la maternidad puede ejercerse como acto político de militancia implica despatriarcalizar (¿descolonizar?) su concepción y su práctica, cuestionando temas como sus vinculaciones institucionales, interpelando la visión tradicional de la familia, y asumiendo a la mujer-madre como sujeto histórico.

Y este cuestionamiento implica necesariamente incorporar a la mujer real a las reflexiones de ciertos feminismos académicos y tecnocráticos, que han cuestionado el modelo androcéntrico pero no la matriz colonial, teniendo como resultado un discurso hegemónico y occidentalizado.

En ese sentido, es una tarea urgente de los nuevos movimientos feministas, especialmente en el momento histórico que vive nuestra Patria, la reflexión alrededor de un nuevo concepto de maternidad, pensado desde lo femenino, liberador, rebelde y militante, que reivindique la labor de crianza de los nuevos seres y ciudadanos.

Y para que estas reflexiones tengan un sustento anclado en la realidad deberán partir de una metodología participativa, que incorpore tanto al feminismo de la academia como a los movimientos populares de mujeres, para lograr así reivindicar a la maternidad como la labor fundamental y punto de partida de la nueva sociedad, en el parto de la mujer nueva y del hombre nuevo, por quienes apostamos.

ROSA RAYDÁN

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Por la paz y por la vida (columna semanal nro. 14)

Bajo la bandera de la defensa de los Derechos Humanos, facciones radicales de la derecha han infundado terror en el país, hechos que me hacen recordar palabras de Raúl Castro en la memorable rueda de prensa junto a su par Barack Obama en marzo de 2016 donde, era de esperarse, la prensa internacional preguntó a Castro sobre la vulneración de los derechos humanos, presos políticos y otras retóricas de los lacayos.

Castro respondió que no era correcto atacar a un país bajo algo tan relativo, y es que mientras Cuba garantiza salud universal, educación y derechos para la igualdad de género, otros países son muy cuestionables al respecto. ”Cítenme un solo país que cumpla con los 63 parámetros de los Derechos Humanos. Ni uno solo los cumple. En Cuba respetamos 47”.

Aunque no entró en detalles, cabe destacar que EEUU, “el país de las oportunidades”, ni garantiza educación y salud universal y mucho menos derechos para la igualdad de género, siendo uno de los pocos países en el mundo, léase bien, que no legisla sobre licencias por maternidad o paternidad, solidificando el llamado techo de cristal, dejando a las madres desprotegidas en el proceso social del trabajo y cerrando la posibilidad de incorporarlas en igualdad de oportunidades al aparato productivo como lo conocemos, que por el contrario, nuestra Ley de Trabajo sí contempla, a la vanguardia y en consonancia con estándares internacionales.

Con los recientes hechos de violencia en Venezuela, la población ha vivido momentos de zozobra que han afectado el normal desenvolvimiento del transporte y otros servicios como la electricidad, pero no es esto lo más grave; la apología a la muerte, el odio, el caos y el miedo, son las expresiones más puras del fascismo que siempre encontrará justificación en ciertas coyunturas para enmascararse.

Siria o Palestina no son una realidad tan lejana. Con el accionar de los terroristas de la derecha venezolana ,el dolor y las heridas que causan una situación de conflicto o una invasión ya las estamos bordeando, siendo las mujeres de a pie, las madres, trabajadoras, las más vulneradas, despertando la angustia propia de quienes protegen y cuidan de la vida, de los hijos, nietos, sobrinos, hermano o vecino.
En la noche de este 21 de abril, uno de los hechos ante el que nos pronunciamos fue el ataque vandálico al Hospital Materno Infantil Hugo Chávez, ubicado en la parroquia El Valle, denunciado en primer momento por la canciller Delcy Rodríguez a través de su cuenta Twitter; tenía al momento 54 niños dentro, incluido un recién nacido, quienes por órdenes del presidente Nicolás Maduro fueron evacuados por su seguridad y llevados al hospital de El Algodonal. Es inhumano.

Exhortamos a los dirigentes de la derecha venezolana a abandonar esta línea de odio que dista mucho de la garantía de Derechos Humanos y que deja en evidencia el pobre proyecto político que abanderan y que encubre sus intereses económicos.

Ante sus consignas transmutadas en insultos, gritos, piedras y molotov, desprovistas de ideas y propuestas, nos levantamos por el amor y por la ternura desde su sentido más político como garantía de paz, uno de los legados más humanos del Comandante Chávez. “Seamos como Cristo, como Bolívar, como el Che, como Manuela Sáenz: seamos verdaderos humanos. Potenciemos los valores humanos, el amor humano. He allí lo social”.

J. Karina García

¿Cuidar es un trabajo? (columna semanal nro. 13)

Cuidarnos es una labor que los seres humanos realizamos a diario. Cuidamos de los más pequeños y las más pequeñas, de los abuelos y las abuelas y también de las personas de nuestra familia que ocasional o de manera permanente tienen alguna necesidad especial, diversidad o discapacidad. Pero ¿todos los miembros de la familia asumimos esa tarea? La respuesta es no. Este trabajo tan necesario para el sostenimiento de la especie humana la realiza fundamentalmente una parte de la sociedad: las mujeres.

Siendo así, nos encontramos ante una desigualdad. Su origen se encuentra en el patriarcado, sistema de valores machistas que destinó a los hombres las actividades “productivas”, es decir, el trabajo en la calle y remunerado; y a las mujeres, las reproductivas, que incluyen garantizar el nacimiento y el cuidado de la vida.

Como señala Alba Carosio, el capitalismo para su sostenimiento se aprovecha de este esfuerzo físico, psicológico y emocional que las mujeres realizan silenciosamente en el hogar, sin reconocimiento público, sin remuneración ni valoración social. Las mujeres de los sectores populares empobrecidos, además de ser las que realizan el trabajo de cuidados en su núcleo familiar, también son las que, buscando ganar ingresos económicos, ejercen en condiciones de explotación el cuidado de las personas de sectores económicamente privilegiados.

Hay un trabajo de cuidados que es aún más invisible y no menos complejo: el cuidado de las personas con menores posibilidades de autonomía, como aquellas que tienen alguna discapacidad intelectual importante: autismo, retardo mental severo, parálisis cerebral, entre otros. En estos casos, desde las actividades como moverse, ir al baño, vestirse y comer, requieren del apoyo de terceros, a veces las 24 horas del día.

Esta labor es mucho más demandante de tiempo, esfuerzo físico y psicológico por parte de quien cuida. Nuestra realidad nos indica que son sobretodo las madres de las personas con discapacidades intelectuales quienes la asumen, la mayoría de las veces solas, y terminan sobrecargadas, con altos niveles de desgaste físico y afectación emocional. Estas mujeres se ven privadas de la realización de otro tipo de actividades como las recreativas, educativas y laborales, es decir, de una vida plena.

No se trata de que las asumamos como heroínas a las cuales alabar, sino como mujeres que merecen una vida con equidad. Por ello la importancia de que el cuidado de nuestros seres queridos se asuma como una labor de toda la familia, con participación de la comunidad y apoyo del Estado.

Para que una persona con discapacidad intelectual reciba una atención integral, requiere que más de un miembro de la familia contribuya. Se trata de ocuparse del cuidado personal en los casos que lo requiera, pero también incentivar el desarrollo de sus potencialidades a través de una rutina diaria y de la realización de actividades recreativas, lúdicas y terapéuticas sencillas, pero de mucha importancia.

Recordemos que todos y todas podemos requerir en algún momento ser cuidados; no estamos exentos de los cambios físicos y psicológicos propios de la vejez, ni de adquirir alguna discapacidad a lo largo de nuestra vida. Todas y todos los integrantes de la familia pueden apoyarse para cuidar a quien más lo requiera y desde pequeñas tareas cotidianas. Igualmente la comunidad puede incorporarse, al no dar la espalda, sino ofrecer los recursos disponibles en ella.

MARYURI GONZÁLEZ

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